¿Qué porcentaje realmente requiere operarse?
A decir verdad, cerca del 2 %. La gran mayoría del dolor lumbar se trata sin cirugía. El problema es diagnosticarlo bien: unos van al huesero, al quiropráctico o al sobador; otros prueban naturistas; el médico general suele tener una idea muy general del dolor; a algunos neurocirujanos y ortopedistas no les gusta el dolor de origen mecánico o lumbar porque no estuvo a fondo en su programa de estudios. No fue mi caso.
Lumbalgia: cómo distinguirla
Existen, a grandes rasgos, dos grandes tipos: mecánica y radicular.
Mecánica
El dolor está en los ligamentos sacroilíacos, el cóccix y la parte baja de la espalda y la columna lumbar, con dolor en la musculatura de la zona.
Mecánica con compresión (síndrome piriforme)
Se refiere a la compresión del nervio ciático. Da síntomas que van desde el glúteo hasta, probablemente, el talón.
Radicular
Es dolor en un área determinada, combinación de las anteriores más hormigueo o sensación de quemazón en alguna parte de la pierna: puede ser la cara interna de la rodilla, la cara externa del pie, los tres dedos de en medio, la cara interna del pie o el muslo.
Estos síndromes se diferencian entre sí, aunque pueden convivir el uno con el otro. La lumbalgia es un problema complejo que debe tratar un profesional: si no se atiende a tiempo, puede ser demasiado tarde.
Tratamiento y técnicas
Cuando la cirugía sí está indicada, se privilegian las técnicas de mínima invasión: tornillos percutáneos y endoscopía de columna, que permiten tratar desde hernias hasta inestabilidad multinivel con menor daño a los tejidos y una recuperación más favorable. Pero el primer paso siempre es un buen diagnóstico.